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El arte de la persuasión

La palabra persuasión está fuertemente ligada a las palabras convencer e influenciar, entendiendo estas últimas como la capacidad que tiene una persona para intervenir o modificar el comportamiento, pensamiento y hasta las creencias de otro.

Pero no todas las personas somos conscientes de este factor a la hora de comunicar y no todos logramos que nuestras ideas sean entendidas y aceptadas por nuestro interlocutor tal y como quisiéramos.

Tal vez, hablar de “persuasión” nos remita a hablar de comunicación asertiva y por ello a la hora de comunicarnos debamos tener en cuenta tres factores esenciales de la asertividad: lo que decimos, cuándo lo decimos y cómo lo decimos, ya que no es lo mismo hablarle a mi jefe desde mis limitantes como empleado a hablarle a mis compañeros de trabajo como colegas e iguales.

¿Pero qué otros elementos debemos tener en cuenta a la hora de querer persuadir?

Estos cinco factores se encuentran entre lo que podríamos denominar “el arte de la persuasión” y si los tenemos en cuenta a la hora de comunicarnos, seguramente notaremos la gran influencia que causan nuestras ideas o argumentos en el interlocutor:

1- Ser agradable: Mi amabilidad en relación con los demás y la empatía que pueda causar desde el comienzo de una conversación son factores que pueden definir el rumbo de una simple charla o una reunión. Ser agradable no sólo se limita a qué tan amable parezco, pues en exceso la amabilidad también puede resultar fastidiosa, y se debe tener en cuenta desde nuestro aspecto personal, ya que es bien sabido que la primera impresión física que causa una persona logra potenciar el buen trato que puede recibir. Esta se complementa con el lenguaje no verbal, comprendiendo este como la gestualidad, la posición corporal y la proxémica, o distancia que separa a dos personas cuando están interactuando.

2- Ser perceptivo a las necesidades del otro: Cuando logro identificar las necesidades de mi interlocutor, puedo saber qué es lo que este quiere escuchar, esto no significa que deba dejar de lado mis argumentos, sino la forma como debo dirigirlos para que de esta manera el otro se sienta en confort, comprendido e incluido en mi discurso.

3- Tener claro el mensaje: Cuando tengo clara la intención respecto a lo que quiero lograr en una conversación, todo lo que diga o haga estará dirigido a cumplir esa meta. Con antelación puedo definir exactamente qué información quiero saber o

puedo proporcionar, limitándome a dar o recibir ni más ni menos de los detalles necesarios.

4- Generar credibilidad: este factor no solo se asocia a la reputación que yo tenga ante mi interlocutor, sino con la apropiación que demuestro durante la charla ante el tema que estoy manejando. Esto, además de definir el respeto del otro hacia mis argumentos, también logra incitarlo a seguirlos y compartirlos.

5- Dejar de lado la arrogancia: En muchos casos la posición de superioridad frente al interlocutor puede resultar arrogante o hasta desafiante y de entrada esta actitud genera rechazo. Aunque la autoridad puede ser una forma de generar persuasión, mal manejada, puede ser coercitiva. El interlocutor se debe sentir integrado en la conversación, pero además en confianza para aportar o exponer sus ideas.

Persuadir, definitivamente es un arte y para quienes lo han elevado a este nivel saben que ese arte incluye muchos factores como la voluntad real de acercar posiciones para llegar a un acuerdo, la empatía, la sinceridad, el respeto, el humor y hasta la manera de manejar el silencio porque muchas veces la estrategia para convencer es simplemente callar cuando debemos callar.

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